Hace mucho tiempo que no lo hago.
Un paseo por la orilla del mar, descalza, en esos dias en los que el mar es un plato, y los barquitos de los pescadores con sus motorcitos, y las gaviotas,
y el cielo muy azul. Las conchas rotas brillando en la arena. El aire caliente con ese olor que no se explicar.
En esos dias, mi madre andaba con sus zapatillas en la mano, y yo detrás como un girasol sonriendo a la luz. Recuerdo que no hablábamos de nada. Porque en ese momento no había nada más que hablar.
Esos días, esas horas de paseo, en verano, muy temprano, yo no existía para cuestionar algo. Sólo tenía el derecho y el deber de sentir. El pensamiento se quedaba en el sofá de casa, en mi apretar de dientes.
Es demasiado valioso.
El cerebro... hacía de la libertad su lugar de vacaciones.
Existen tiempos de mirar al infinito,
pero no hay tiempo para hacerlo.
Al mismo tiempo, apenados,
digerimos y sopesamos en la balanza del desayuno.
Empezando el dia con cuatro muertos
y acostándonos con siete heridos,
premiando nuestra inercia,
o el batir de alas de nuestro sueño que se fue,
y preguntandonos si existen todavía realidades con sonrisas adheridas.
Una, tan sólo una, aunque sea una al dia.
Existen tiempos de mirar al infinito,
pero ellos no tienen tiempo para querer comprenderlo.
Se divertían a ser dioses entre los árboles de cemento,
y cuán divertido es mandar a alguien a criar malvas,
y por dioses pequeños que eran, aún así, escapan a las leyes gigantes.
Corren desdichados a esconderse debajo del cajero donde un dia amamantaron esa idea de diversión de acomplejados.
Y sus caritas mojadas de niños almendrados,
ahullan a la luna llena y
a las túnicas de los abogados.
¡¡Qué no queríamos hacerlo!!
¡¡Que se nos fue de la mano!!
El dia que llegué a este mundo amaneció como amanece para toda criaturita del seññó. Venía dormida, apacible, serena, inundada de una felicidad envidiable y una piel sedosa. Y por supuesto, sin ser consciente de conceptos como cabreo, estress, depresión, insomnio, hipoteca, efecto invernadero, paro, guerras, hambre, enfermedades,etc.
Quizás puedes calcular cuanto duró mi pleno estado de felicidad. El médico, el ogro que me sacó de mi gruta, tardó muy poco en darme el primer palo en la vida, sin venir a qué, me abofeteó el trasero.
Yo, por mi parte, evacué encima de él como si fuera un WC.
Probablemente ya no pueda hacer ésto nunca más.
Pero, ¡Y que a gusto me quedé!.
Este blog es para lo mismo, si algo me sienta mal, lo diré. Si algo os sienta mal, decidlo.
Este blog es para lo mismo, para confrotar mi visión
del mundo con otras visiones. El ser humano necesita dar de vientre y escupir todo lo que siente hacia fuera, tanto bueno como malo.
Yo y mis consecuencias.
saludos.